Del Día de la Virgen al Madonna–Whore Complex: cómo este mito sigue moldeando tu sexualidad
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Del Día de la Virgen al Madonna–Whore Complex: cómo este mito sigue moldeando tu sexualidad

Pamela Herrera 3 min de lectura

Explora cómo el imaginario de “la Virgen” y el Madonna–Whore Complex han influido en la sexualidad femenina y en la culpa alrededor del deseo. Una lectura íntima, cultural y liberadora.

Cada 12 de diciembre en México se celebra a la Virgen, uno de los símbolos más poderosos de pureza, bondad y devoción. Esto se convierte en el pretexto perfecto para tener una conversación más profunda: cómo el ideal de “la mujer pura” sigue moldeando, consciente o inconscientemente, la forma en que muchas vivimos nuestra sexualidad.

Ojo: nos confundamos, la figura de la Virgen no es el problema. El problema es cómo, durante siglos, se ha usado su imagen para dividir a las mujeres en dos categorías que no deberían existir.


¿Qué es el Madonna–Whore Complex?

El concepto, originalmente descrito por Freud, explica cómo algunas personas (y culturas enteras) dividen a las mujeres en dos arquetipos que son “mutuamente excluyentes”. Por un lado las Virgen o Madonna, este ideal de la mujer  pura, maternal, espiritual, “digna de amor”. Por otro, la puta, esa que es “sexual”, libre, deseante… pero “no respetable”. 

Pensarías que a estas alturas ya hemos dejado esta dicotomía atrás, pero no señor,  sigue viva; más sutil y disfrazada… pero viva. Según el Journal of Sex Research (2016), las mujeres socializadas en culturas católicas reportan niveles más altos de culpa sexual y auto-restricción del deseo, incluso en relaciones comprometidas.

¿Qué tiene que ver el Día de la Virgen?

El culto mariano en México ha sido una brújula cultural: el ideal de la mujer buena, limpia, obediente, sacrificada e inocente. Cuando este arquetipo se confunde con identidad, muchas mujeres crecemos sintiendo que para ser “valiosas” debemos alejarnos del deseo, del cuerpo y de lo sensual para ser merecedoras de respeto y, sobre todo, potenciales parejas. Como si tuviéramos que elegir entre desear y ser deseadas o ser merecedoras de amor y respeto… y  esto es una mentira peligrosa.

Puede parecer sutil, pero en capas más profundas esto tiene consecuencias como culpa por desear, sentir que somos “demasiado” cuando disfrutamos, limitar la autoexploración y apagar nuestra sensualidad para ser “aprobadas”, sabotear el orgasmo por vergüenza o autocontrol o provocar disonancia interna: “quiero… pero debería no querer”.

La psicóloga Marta Meana encontró que la culpa sexual es una de las principales causas de deseo bajo en mujeres, por encima de factores físicos (The Science of Female Desire, 2010).

Pero entonces… qué hacemos con toda esta info? 

Primero que nada:  Integrar la dualidad. Las mujeres, las personas en general, somos seres duales. Tenemos momentos de calma y de ser salvajes, de deseo y de cuidado. Somos profundas y sexuales por naturaleza.  

Cuestionar de dónde vienen los significados que le damos a lo prohibido y lo celebrado nos da poder y nos libera. Entender que el arquetipo de “la puta” y la “santa” es un constructo social y no una verdad universal nos permite vivirnos de manera más real y auténtica. Eso si, no nos va a dejar de atormentar hasta que decidamos desde la consciencia encuerpar nuestro deseo, con todo y la incomodidad, hasta que deje de ser incómodo, hasta que deje de darnos culpa.  Como dijo Eleanor Roosevelt: 

“Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento”.